Lanús, Argentina, Ab 2013 -
En los albores de la pasada
década de los 70 polemizaba con los compas de Montoneros (en la ciudad de La Plata) las diferencias de
sus evaluaciones sobre América Latina con respecto a los Tupamaros uruguayos.
Mi posición, que hoy
mantengo, es que los Montos estaban demasiados ligados a sus orígenes
corrompidos por la cultura cristiana apostólica romana. Es cierto que
cuestionaban dichos orígenes; pero, creo (es una interpretación personal), que
estaban condicionados por la rigidez de las estructuras religiosas cuando
afirmaban sus tesis de “La
Verdad Única” con
respecto a sus lecturas de la realidad política de Argentina.
Estas tesis se sustentaban
en la “creencia” – lo cual era un acto de fe – de que existía “Un entorno” al
Gral. Perón que le impedía
retroalimentarse de las necesidades del pueblo.
¿Por que incorporo estos
conceptos en un comentario sobre los Tupamaros uruguayos?
Porque, aunque sea una metáfora,
el Río de La Plata
nos otorgo a los Uruguayos y Argentinos la “carga histórica” de considerarnos
hermanos rioplatenses.
Esto último: ¿Fue tan claro
y distintivo? No lo creo.
Los Tupamaros pudieron
desarrollarse mamando, no sólo las
ideas, fundamentalmente, los hechos históricos construidos por el más grande
revolucionario de América: José Gervasio Artigas.
Su Reforma Agraria – entre
tantas otras decisiones, se anticipó, aunque la “historia oficial
eurocentrista” no lo amerite, al marxismo-leninismo + trokismo + maoismo.
Pero, por supuesto, un
Caudillo nacido en las Américas no tuvo muy buena prensa.
Pertenecemos a una Gran
América que, al día de la fecha (y pasaron siglos), carece de agentes de prensa
(por suerte); pero acrecienta anónimos militantes americanistas que nada tienen
de común con el American way of live.